La respuesta puede tener múltiples matices. Me voy a fijar en uno de ellos: la alegría. Intento ir sonriente por los pasillos, saludar a los compañeros y transmitirle dicha alegría. No es una alegría puramente superficial, tipo “colegas en una botellona”, sino algo más profundo. Es una alegría que nace de sentirme privilegiado por el trabajo que tengo y de darle gracias a Dios por ello. Transmite a los compañeros un mensaje de liberación y de ánimo. (Carlos Jesús Jiménez)
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